Neurociencia

Desnudos que nadie dice ver atraen la atención, aunque menos que en 2006

Una replicación registrada de un estudio de 2006 encontró que los desnudos suprimidos de la conciencia desvían la atención, pero con un efecto menor y sin invisibilidad completa. Es un preprint

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco30 de octubre de 2026Lectura de 6 min
Desplazamiento de la atención hacia el desnudo del sexo opuesto, en puntos de precisión: unos 10 en el estudio de 2006 y entre 3 y 5 en la replicación
Desplazamiento de la atención hacia el desnudo del sexo opuesto, en puntos de precisión: unos 10 en el estudio de 2006 y entre 3 y 5 en la replicación

Imágenes de desnudos que los participantes decían no haber visto desviaron igual su atención hacia el lado de la pantalla donde estaban. El efecto fue de 3 a 5 puntos de precisión, frente a unos 10 en el estudio original de 2006. Además, las imágenes no fueron del todo invisibles: al tener que adivinar dónde estaban, la gente acertó algo más que por azar. Es, según sus autores, la primera replicación de ese experimento, y se difundió el 29 de octubre en PsyArXiv como preprint, todavía sin versión final en una revista.

El trabajo es de Yung-Jung (Syrus) Chen, Ryan Bradley Scott y Zoltan Dienes, de la Universidad de Sussex (Reino Unido). Es la segunda etapa de un informe registrado (Registered Report), un formato en el que la pregunta, el método y el plan de análisis se evalúan antes de recoger los datos, de modo que la publicación no depende del resultado. El manuscrito no indica en qué revista o plataforma se aprobó la primera etapa.

El experimento de 2006

En 2006, Yi Jiang, Patricia Costello, Fang Fang, Miner Huang y Sheng He publicaron en PNAS un resultado llamativo: una imagen erótica que no se ve conscientemente puede atraer la atención hacia el lugar donde está, según el sexo que le atrae a cada persona.

Para volver invisible la imagen usaron la supresión por destellos continuos (continuous flash suppression), una técnica que Naotsugu Tsuchiya y Christof Koch describieron en 2005 en Nature Neuroscience. A cada ojo se le muestra algo distinto: al dominante, un mosaico de manchas de colores que cambia sin parar; al otro, la imagen de prueba. El mosaico se impone y la imagen queda fuera de la experiencia consciente, aunque llegue a la retina.

La tarea era esta. A los lados del punto central aparecían durante 800 milisegundos dos imágenes, un desnudo y su versión desordenada, irreconocible. Luego, en uno de los dos lados, aparecía por un instante un círculo de franjas inclinado apenas un grado, y había que decir hacia dónde se inclinaba. Si la atención se había ido a un lado, en ese lado se acertaba más. En el estudio original, la precisión mejoraba del lado del desnudo del sexo preferido, y a la vez la gente no podía adivinar dónde había estado la imagen.

Esa segunda parte es la que lo volvió un clásico. La mayoría de los estudios subliminales llega al umbral subjetivo, cuando la persona dice que no vio nada, pero no al objetivo, cuando ni siquiera puede adivinar por encima del azar.

Cómo se hizo

Tras un piloto con 21 personas, el estudio principal reunió a 173 participantes de entre 18 y 53 años, con una edad media de 21. Las fotos salieron del International Affective Picture System, un banco de imágenes estandarizado para investigar emociones: cuatro mujeres y cuatro hombres desnudos. Como las originales atravesaban la supresión y se veían, los autores bajaron a la mitad su contraste y su saturación.

Cada persona hizo 128 ensayos con la imagen suprimida y 128 con la imagen visible. Después de cada uno indicaba si había visto el desnudo, y los ensayos en que decía que sí se descartaban. La dificultad de la tarea de las franjas se ajustó para cada participante, para que nadie acertara siempre. Al final hubo 160 ensayos en los que había que adivinar de qué lado estaba la imagen, una escala de orientación sexual y una calificación del atractivo de cada foto.

El análisis usó factores de Bayes, que indican cuántas veces más probables son los datos si el efecto existe que si no existe; según la convención que siguen los autores, más de 3 es evidencia moderada. Se reclutó hasta que la evidencia fuera concluyente, con una regla fijada de antemano. De los 173 participantes se excluyeron 15 por ver las imágenes con demasiada frecuencia y 55 por dar la misma respuesta muchas veces seguidas, señal de que se habían desentendido de la tarea. La prueba principal se hizo con 58 mujeres y 34 hombres heterosexuales.

Lo que encontraron

La atención se desvió hacia el desnudo del sexo opuesto aunque los participantes dijeran no haberlo visto, pero el efecto fue pequeño: 3 puntos de precisión en las mujeres y 5 en los hombres heterosexuales, frente a unos 10 en el estudio original. La evidencia fue moderada, con factores de Bayes de 6,3 y 8,3.

La invisibilidad fue solo subjetiva. Al adivinar de qué lado estaba la imagen, los participantes acertaron el 53 % de las veces, frente al 50 % del azar, con evidencia fuerte de que esa diferencia es real. Es poco, pero alcanza para decir que algo de información llegaba.

La comprobación del atractivo salió como se esperaba: los heterosexuales calificaron como atractivas las imágenes del sexo opuesto y como poco atractivas las del propio. El estudio original no lo había verificado, y las fotos son de otra época. Con las imágenes visibles no hubo efecto sobre la atención, igual que en 2006. Lo que no se replicó fue el rechazo: Jiang y colegas habían visto que los hombres heterosexuales desviaban la atención lejos de los desnudos masculinos, y aquí los datos favorecieron la ausencia de ese efecto. Un estadístico independiente revisó que los análisis pudieran reproducirse.

Qué significa para las marcas

El estudio no respalda la promesa de la publicidad subliminal: muestra que una imagen muy cargada puede mover la atención durante menos de un segundo sin que se la note, no que cambie lo que alguien piensa, recuerda o compra. Nada de eso se midió.

Las condiciones también importan. El efecto apareció con desnudos explícitos, en un laboratorio, con cada ojo mirando algo distinto a través de un estereoscopio de espejos, y solo para el sexo preferido de cada persona. Un aviso no puede reproducir ese montaje. Y el tamaño del efecto se redujo a la mitad o menos al repetirse el experimento con más personas y un análisis registrado.

Sobre la idea de que «el sexo vende», el resultado es más estrecho de lo que parece. Con las imágenes visibles, la tarea no mostró ningún desplazamiento de la atención, y los autores citan otros trabajos en los que imágenes eróticas visibles tampoco dirigieron la atención en el espacio. Lo que sí sugiere es que los cuerpos y, quizá, las caras se procesan con prioridad antes de que la persona sea consciente de ellos. En 2016, Shao-Min Hung, Chih-Hsuan Nieh y Po-Jang Hsieh encontraron en Scientific Reports algo parecido con rostros atractivos invisibles.

Los autores advierten además un riesgo ético: un procedimiento que revela hacia dónde va la atención según la orientación sexual podría usarse para averiguarla sin consentimiento.

Los límites

Las imágenes tuvieron que modificarse respecto del original, y el efecto vale solo con el umbral subjetivo. Todos los desnudos mostraban la cara, así que la atención pudo ir a los rostros y no a los cuerpos. Hubo pocos participantes no heterosexuales para poner a prueba las hipótesis en esos grupos, y casi nadie expresó actitudes homofóbicas, así que tampoco pudo probarse la idea de que la homofobia esconde una atracción. La muestra fue de una universidad británica. Y es un preprint: los resultados pueden cambiar en la versión final.

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