Neurociencia

Pintaron obras para ser recordadas, y una IA anticipó el recuerdo mejor que ellos

En un concurso con 86 obras, la intención de los artistas pesó en la memoria del público. Pero un modelo entrenado con datos de memoria predijo mejor que ellos y que los espectadores qué iba a quedar

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco2 de noviembre de 2026Lectura de 6 min
Entre las 20 obras más recordadas y las 20 más olvidadas, el modelo ResMem clasificó bien el 80 %; los artistas, el 67,5 %, y el público, el 62,5 %
Entre las 20 obras más recordadas y las 20 más olvidadas, el modelo ResMem clasificó bien el 80 %; los artistas, el 67,5 %, y el público, el 62,5 %

Unos artistas pintaron a propósito obras para ser recordadas y otras para ser olvidadas, y en buena medida lo lograron. Pero a la hora de anticipar cuáles iban a quedar en la memoria, un modelo de inteligencia artificial acertó más que ellos y bastante más que el público. Entre las 20 obras más recordadas y las 20 más olvidadas, la IA clasificó bien el 80 %. Los artistas, el 67,5 %, y la gente que opinó sin saber, el 62,5 %, apenas por encima del azar. El estudio se publicó el 13 de octubre en Psychological Science.

Lo firman Trent Davis, Yifei Chen y Wilma Bainbridge, del Departamento de Psicología y del Instituto de Neurociencia de la Universidad de Chicago. Bainbridge es una de las investigadoras que más trabajó la memorabilidad visual: la probabilidad de que una imagen se recuerde, que resulta sorprendentemente parecida de una persona a otra. Las mismas fotos tienden a quedar en la memoria de casi todos, y las mismas tienden a borrarse.

Cómo se hizo

El equipo organizó durante tres meses un concurso nacional de arte en Estados Unidos con dos categorías: obras pensadas para ser memorables y obras pensadas para ser olvidables, con premios de hasta 1.000 dólares. Llegaron 144 obras de 20 estados, y 86 cumplieron todas las condiciones: bidimensionales, de no más de 36 por 36 pulgadas (unos 91 centímetros por lado), sin fotografía ni arte digital, y con al menos cinco fotos del proceso para probar la autoría. De esas, 62 se habían presentado como memorables y 24 como olvidables.

Con ese material hicieron tres experimentos:

  • **En línea:** 131 personas vieron una secuencia de las obras y debían marcar cada vez que una se repetía. Es la prueba clásica de memorabilidad: la puntuación de cada obra es la proporción de aciertos menos la de falsas alarmas.
  • **En una galería:** el equipo montó durante un mes una muestra real en Connect Gallery, en Hyde Park, Chicago, con las 20 obras más recordadas en la prueba en línea en una pared y las 19 más olvidadas en la de enfrente (una 20.ª no llegó). 62 visitantes recorrieron la sala a su ritmo y después, en otra habitación, respondieron desde el teléfono cuáles habían visto.
  • **Calificaciones:** 881 personas puntuaron cada obra en 21 atributos, desde belleza y complejidad hasta miedo, enojo o «cuán memorable crees que es».

Además, pasaron cada obra por ResMem, una red neuronal que el propio laboratorio entrenó con cerca de 70.000 fotografías para estimar la memorabilidad de una imagen.

Qué encontraron

La intención del artista se notó. En la prueba en línea, las obras presentadas como memorables obtuvieron 0,86 de reconocimiento corregido contra 0,79 de las presentadas como olvidables. La diferencia es significativa, pero chica: la categoría del concurso explica apenas el 6 % de la variación entre obras.

En la galería, la brecha se agrandó. Las 20 más memorables de la prueba en línea fueron reconocidas por el 89 % de los visitantes, y las 19 más olvidables, por el 70 %. Además, la memorabilidad de cada obra en la galería se correlacionó con la medida en línea (r = 0,62). Lo que se recuerda en la pantalla tiende a recordarse también en la sala.

El dato más llamativo es el de las predicciones. Cuando se preguntó a la gente cuán memorable le parecía cada obra, la respuesta casi no tuvo relación con lo que después se recordó (r = 0,10). La puntuación de ResMem, en cambio, sí (r = 0,41 en línea), y en la galería explicó cerca de un tercio de la variación en el recuerdo.

Lo que engaña a la intuición

¿Por qué la gente predice tan mal? El estudio da una pista. Las obras que el público juzgó memorables eran las interesantes, sorprendentes, complejas o con aire de poder volverse famosas. Ninguno de esos rasgos se asoció con el recuerdo real.

Lo que sí se asoció con el recuerdo fue otra cosa:

  • **Reconstruibilidad:** lo fácil que resulta volver a armar la imagen en la cabeza. Fue el predictor más fuerte, y el único que acertaron tanto la intuición como el recuerdo real.
  • **Presencia humana:** las obras con personas se recordaron mejor; los paisajes, peor.
  • **Menos complejidad de textura:** las imágenes más simples se recordaron más.
  • **Aspecto digital:** las obras que parecían hechas en computadora se recordaron más, aunque ninguna lo era.

Los autores agruparon los atributos y encontraron un conjunto de ocho que explica casi la mitad de la variación en el recuerdo. El eje principal es lo que llaman fluidez de procesamiento: lo que se entiende y se reconstruye con facilidad queda. Un segundo eje une belleza y ausencia de enojo o miedo: las obras lindas y emocionalmente neutras se recordaron mejor que las que incomodaban.

También pesó la ubicación en la sala. Las obras memorables se recordaron más cuando estaban junto a obras más chicas, y las olvidables, cuando quedaban sobre los recorridos más transitados de la galería, aunque ese efecto quedó justo en el límite de la significación.

Qué significa para la publicidad

El trabajo es sobre arte, pero la pregunta es la misma que se hace un creativo frente a un aviso: ¿se puede diseñar para el recuerdo? La respuesta del estudio es que sí, en parte, y que la intuición sirve menos de lo que parece. Sorprender, complejizar o «llamar la atención» no garantiza que algo se recuerde. Lo que tiende a quedar es lo que se procesa y se reconstruye con facilidad, y mejor si hay una persona en la imagen.

La segunda lección es de método: para anticipar el recuerdo, conviene medir en lugar de preguntar. Un modelo entrenado con datos de memoria real anticipó mejor el resultado que quienes hicieron las obras y que quienes las miraron. Es el mismo principio que guía los modelos que hoy estiman la atención y la memoria de una pieza antes de salir al aire.

Los límites

  • La muestra de obras es chica (86, y solo 24 en la categoría olvidable), y los grupos de comparación de la galería tienen 20 y 19 piezas.
  • Las pruebas de memoria midieron reconocimiento, es decir, si la persona había visto una obra cuando se la volvían a mostrar. No midieron recuerdo espontáneo, que es lo que más se parece a recordar una marca sin pistas.
  • En la galería, los visitantes sabían que la muestra trataba sobre la memoria, y eso pudo hacerlos esforzarse más que un visitante común.
  • El modelo de ocho atributos se eligió probando todas las combinaciones posibles, lo que aumenta el riesgo de ajustarse demasiado a estas obras en particular. Los propios autores piden probarlo con otros estímulos.
  • ResMem predijo bien cuáles obras se iban a recordar, pero no supo distinguir la intención del artista: para eso, las personas acertaron más (77 % contra 72 %).

Las cifras citadas corresponden a la versión de los autores difundida como preprint en PsyArXiv, que coincide en diseño y resultados con el resumen de la versión publicada.

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