Neurociencia

Palabras subliminales sin efecto oculto en una replicación registrada

Una replicación registrada con 539 participantes en cuatro países no encontró el efecto de Rydell y colegas: palabras proyectadas durante milisegundos no crearon actitudes implícitas contrarias a las explícitas.

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco21 de octubre de 2026Lectura de 6 min
Participantes de los dos experimentos de la replicación, con palabras proyectadas entre 13 y 27 milisegundos.
Participantes de los dos experimentos de la replicación, con palabras proyectadas entre 13 y 27 milisegundos.

Hace 20 años, un experimento sostuvo que se pueden tener dos actitudes opuestas hacia la misma persona. Una sería declarada, formada por lo que se sabe de ella; la otra, implícita, moldeada por palabras que pasan por la pantalla demasiado rápido para registrarlas. Una replicación registrada, difundida como preprint en PsyArXiv y todavía sin versión final en una revista, no encontró rastro de esa división. En 539 participantes de Alemania, Bélgica, Estados Unidos y Hong Kong, las palabras se proyectaron entre 13 y 27 milisegundos. Tanto las calificaciones explícitas como el Test de Asociación Implícita (IAT) siguieron lo que la gente había aprendido de la persona y no lo que se le había mostrado de forma subliminal. Los autores, encabezados por Frederik Aust, de la Universidad de Colonia, concluyen que el efecto original es «replicablemente no replicable».

El experimento de 2006

En el estudio de Rydell, McConnell, Mackie y Strain, publicado en Psychological Science, los participantes conocían a un hombre llamado Bob. Cada ensayo empezaba con una palabra positiva o negativa proyectada durante 25 milisegundos, seguida por una foto de Bob y una conducta, como «asaltó una tienda». El participante adivinaba si esa conducta era propia de Bob y recibía una respuesta que la confirmaba o la descartaba. La clave del diseño era que la información sobre la conducta siempre tenía la valencia opuesta a la de la palabra fugaz.

El resultado fue llamativo: las calificaciones de Bob reflejaban su conducta, pero el IAT reflejaba las palabras subliminales. Se convirtió en uno de los apoyos más citados de las teorías de doble proceso, según las cuales las actitudes implícitas nacen de asociaciones que se forman sin conciencia y las explícitas, de un razonamiento deliberado. En 2018, Heycke, Gehrmann, Haaf y Stahl no lograron reproducirlo en dos experimentos, pero con materiales traducidos al alemán y tiempos de exposición distintos, lo que dejaba abierta la posibilidad de que esas diferencias explicaran el fracaso.

Una replicación con el autor original

Para cerrar esa duda, el equipo reunió a especialistas de varias universidades, entre ellos el propio Robert Rydell y los autores de la replicación de 2018. El primer experimento, preregistrado, se hizo en Colonia, Gante y Harvard con 153 participantes y los materiales originales, que Rydell verificó. Cada persona pasó por dos bloques de 100 ensayos, uno con palabras positivas y otro con negativas, y después de cada bloque evaluó a Bob con siete escalas y con un IAT.

Al final apareció un problema: en una prueba sorpresa, los participantes reconocieron el 56 % de las palabras fugaces, por encima del 50 % esperable por azar. Algunas se habían percibido. Por eso el segundo experimento, planteado como informe registrado (el diseño se aprobó antes de recolectar los datos), redujo la exposición a 13 o 20 milisegundos y usó solo material en inglés. Sumó 386 participantes de la Universidad de Florida, Williams College, la Universidad de Hong Kong, la Universidad de Illinois y Yale. Con 13 milisegundos, el reconocimiento quedó en el 50 %, comparable al del estudio original.

Lo que encontraron

En los dos experimentos, las dos medidas apuntaron en la misma dirección: hacia la conducta de Bob. Las palabras subliminales no invirtieron el IAT en ningún laboratorio ni con ninguna duración. En la comparación bayesiana, los datos favorecieron el patrón de «una mente» frente al de «dos mentes» por un factor de 2,5 millones en el primer experimento y de un millón en el segundo.

La diferencia entre medidas fue de grado, no de sentido. Las calificaciones explícitas reaccionaron con mucha más fuerza. En el segundo experimento, el efecto de la información sobre la conducta fue de dz = 2,57 en las escalas y de entre 0,19 y 0,54 en el IAT, según el orden de los bloques. Un análisis adicional, no preregistrado, buscó el efecto en las personas que no reconocieron las palabras por encima del azar, y tampoco ahí apareció la inversión.

Qué tan sólido es

El diseño tenía potencia para detectar efectos un 11 % más chicos que el menor informado en el original, en el primer experimento, y al menos un 13 % más chicos en el segundo. Datos, materiales y análisis son públicos, y el equipo de reproducibilidad de la revista que evalúa el informe confirmó que los resultados del texto principal se obtienen con esos datos. Los autores declaran sus desvíos. Cambiaron el modelo bayesiano para incluir diferencias individuales, sin que cambiaran las conclusiones, y descartaron a 68 participantes de Yale porque no pudieron verificar la velocidad de proyección, que reemplazaron con participantes nuevos de Yale y de Illinois.

También declaran dos conflictos de interés posibles: Aust integra el equipo editorial de Psychological Science, y Benedek Kurdi preside el consejo científico de Project Implicit, una organización dedicada a la investigación sobre cognición social implícita. Con los dos experimentos de 2018, ya son cuatro los intentos que no reproducen el efecto, y estos son los primeros con el autor original en el equipo.

Qué significa para la publicidad

La idea de que un estímulo que no se percibe puede instalar una actitud que contradice lo que el consumidor declara sostiene dos promesas frecuentes en el mercado. La primera es la publicidad subliminal; la segunda, la lectura de las medidas implícitas como una ventana a lo que la persona «realmente» siente. Este trabajo no prueba que ninguna de las dos sea imposible, pero retira uno de los experimentos más citados en su favor.

Para quien usa el IAT u otras medidas indirectas, el hallazgo invita a interpretar con prudencia. En este paradigma, la medida implícita acompañó a la declarada, solo que con menos intensidad, lo que los autores atribuyen a diferencias en sus propiedades psicométricas. Una brecha entre lo que dice una encuesta y lo que marca un IAT no alcanza, por sí sola, para hablar de una actitud oculta. Los autores recuerdan que ninguna de las dos medidas es «pura» y que una disociación puede tener otras explicaciones.

Los límites

Los autores advierten que el estudio no resuelve el debate entre teorías de uno y dos procesos: otras tareas podrían mostrar disociaciones que esta no muestra. La conciencia de las palabras se midió al final, con una prueba de reconocimiento, que es un indicador imperfecto de lo que se percibió durante la tarea. Las muestras fueron mayormente universitarias, con una edad media de 22 años en el primer experimento y de 19 en el segundo. Para la investigación que siga, proponen ajustar la exposición al umbral de percepción de cada persona y distinguir entre percibir que una palabra era positiva o negativa y reconocer cuál era.

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