Ciencias del comportamiento

Por qué una tanda publicitaria puede hacer que un programa guste más

Un experimento con la comedia Taxi encontró que los cortes comerciales mejoraban la experiencia, al revés de lo que anticipaba la gente. La clave es la adaptación hedónica pero tiene límites

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco7 de noviembre de 2026Lectura de 4 min
Con tandas, el episodio de Taxi le ganó a Happy Days; sin tandas, perdió (Nelson, Meyvis y Galak, 2009)
Con tandas, el episodio de Taxi le ganó a Happy Days; sin tandas, perdió (Nelson, Meyvis y Galak, 2009)

Casi todo el mundo cree que las tandas arruinan un programa. Un experimento publicado en 2009 en el Journal of Consumer Research encontró lo contrario: quienes vieron una comedia con sus cortes comerciales la prefirieron frente a otra serie, y quienes la vieron sin cortes prefirieron la otra. La explicación está en un mecanismo conocido de la psicología del consumo, la adaptación hedónica.

Lo que pasa con el placer

Cualquier experiencia agradable pierde intensidad a medida que dura: el primer bocado es mejor que el décimo y el primer minuto de una canción que nos gusta suele ser el más intenso. Leif Nelson y Tom Meyvis lo pusieron a prueba en 2008, en el Journal of Marketing Research, con ruidos, canciones y un sillón de masajes. En seis estudios, las pausas hicieron más agradables las experiencias agradables y más molestas las desagradables: cortar la experiencia interrumpe la adaptación y, al retomar, se siente con más fuerza. Sin embargo, las personas elegían lo contrario: evitaban cortar lo que disfrutaban y pedían pausas en lo que les molestaba.

El experimento con la comedia

En 2009, Nelson, Meyvis y Jeff Galak llevaron la idea a la televisión. En el primer estudio, 87 estudiantes vieron un episodio de la comedia Taxi, la mitad tal como se había emitido, con sus avisos locales y promociones, y la otra mitad sin ellos. Después indicaron en una escala de −5 a +5 si preferían Taxi o Happy Days.

  • Quienes vieron el episodio con tandas prefirieron Taxi (0,92 de promedio). Quienes lo vieron sin cortes se inclinaron por Happy Days (−0,90).
  • Otro grupo de 74 personas leyó la descripción de cada versión y tuvo que anticipar qué pasaría. Pronosticó lo opuesto: que los cortes empeorarían el programa (−1,86 frente a 0,35).

En otro estudio, 140 estudiantes vieron un documental de tres minutos sobre patos con dos avisos: para unos, uno antes y otro después; para otros, los dos dentro del documental. Con la interrupción, el documental gustó más (4,13 frente a 3,54, en una escala de 1 a 9) y los participantes dijeron que donarían una parte mayor de un premio imaginario a la conservación de la fauna (4,61 frente a 3,93). La pista del mecanismo estaba en la segunda mitad: sin cortes, gustó menos que la primera (3,53 frente a 4,06).

Cuándo funciona y cuándo no

El efecto no depende de que la interrupción sea publicidad: en otro estudio, alternar dos documentales produjo el mismo resultado. Tampoco es universal. Con un video musical que generaba poca adaptación, los cortes no ayudaron. Y entre los participantes mayores, que según los autores se adaptan menos, la interrupción no mejoró la experiencia; la diferencia con los más jóvenes fue apenas marginal en lo estadístico.

Hay que leerlo con prudencia. Las muestras son chicas, casi todas de estudiantes, y no se encontraron réplicas directas del experimento con la serie. Lo que sí tiene respaldo amplio es el mecanismo: la adaptación a lo placentero y el error de pronóstico de las personas, que subestiman cuánto se van a acostumbrar.

Medir también cambia la experiencia

Un trabajo publicado en septiembre de 2026 en el Journal of Consumer Research suma una vuelta de tuerca que toca a la investigación de mercados. Stephanie Hong y Ed O’Brien encontraron, en ocho estudios con sus réplicas y 16.311 participantes, que pedir calificaciones repetidas durante una experiencia hace notar cómo cambia: si empeora, el aburrimiento llega antes; si mejora, se disfruta más. Medir de forma continua, en un test de producto o de contenido, no es neutro.

Lo que deja para la publicidad

Lo que sigue es una lectura de El Neuromarketer. Para quien produce contenido de marca o planifica medios, la lección no es que los cortes siempre suman, sino que la intuición sobre la experiencia del espectador puede fallar en la dirección contraria. Un formato largo y agradable tiende a perder intensidad a medida que avanza; una pausa bien ubicada puede devolverle algo. Jeff Galak, Justin Kruger y George Loewenstein estudiaron en 2013 la otra cara: consumir algo demasiado rápido acelera la saciedad. En los dos casos, lo que se recuerda de una experiencia depende también de su ritmo.

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