Ciencias del comportamiento

«Generada con IA»: una etiqueta que pesa solo cuando el público la cree

Un preprint con dos estudios encontró que rotular una fotografía como hecha con inteligencia artificial reduce un poco la respuesta afectiva, y que el efecto se invierte cuando la persona no cree en el rótulo

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco23 de octubre de 2026Lectura de 5 min
Diferencia entre imágenes rotuladas como foto y como IA en el primer estudio, en una escala de 0 a 1: 0,02 en conjunto y 0,08 cuando los hombres creyeron el rótulo
Diferencia entre imágenes rotuladas como foto y como IA en el primer estudio, en una escala de 0 a 1: 0,02 en conjunto y 0,08 cuando los hombres creyeron el rótulo

Una etiqueta que dice que una imagen fue generada con inteligencia artificial le resta algo de atractivo, pero solo cuando el público la cree. En dos estudios con 705 y 261 participantes heterosexuales, un equipo de la Universidad de Sussex, la Universidad Roma Tre y otras instituciones mostró fotografías reales precedidas por un rótulo asignado al azar: «Foto» o «Generada con IA». En conjunto, la etiqueta pesó poco: las imágenes rotuladas como fotos obtuvieron 0,02 puntos más de excitación declarada en una escala de 0 a 1, y la diferencia fue concluyente solo entre los hombres. Pero entre los hombres del primer estudio, cuando su juicio posterior coincidía con el rótulo, la brecha llegó a 0,08, y cuando lo contradecía, se invirtió. El trabajo es un preprint publicado en PsyArXiv el 22 de octubre y todavía no tiene revisión por pares.

Por qué imágenes eróticas

La investigación sobre el llamado sesgo contra la IA ya había encontrado que obras de arte, piezas musicales y poemas se valoran peor cuando se presentan como hechos por una máquina. Los autores eligieron imágenes eróticas de bases validadas para la investigación sobre emoción porque son estímulos de alta activación y valencia positiva. Eso las vuelve una prueba exigente: si una etiqueta atenúa la respuesta incluso ante ellas, el efecto no se limita a juicios estéticos.

El trabajo replica de manera conceptual el de Marco Marini y colegas, publicado en 2024 en Cognition and Emotion. Con una muestra italiana, ese estudio encontró más excitación declarada ante imágenes presentadas como reales que ante las mismas presentadas como generadas. El sesgo también alcanza a terrenos más cercanos a la publicidad. Ese mismo año, Califano y Spence informaron en Food Quality and Preference que, sin etiquetas, los participantes preferían imágenes de comida generadas con IA, pero que al rotularlas pasaban a preferir las auténticas.

Cómo se hizo

En el primer estudio, entre enero y junio de 2024, los participantes vieron 60 fotografías de las bases NAPS y NAPS ERO: 40 eróticas y 20 no eróticas. El 35,7 % eran mujeres, y la mayoría procedía del Reino Unido, Italia, Estados Unidos y Colombia. Se les dijo que el estudio validaba un nuevo algoritmo de generación de imágenes. Por cada imagen calificaron la excitación que sentían, cuán atractiva les parecería a personas como ellos y qué tan agradable les resultaba. Después volvieron a verlas y juzgaron cuán realistas eran; esa respuesta sirvió para estimar si habían creído el rótulo.

El segundo estudio, entre enero y julio de 2025, reforzó el engaño con una supuesta empresa emergente de IA con sede en Brighton, sumó imágenes de parejas y quitó las no eróticas. Al final se dijo a los participantes que algunos rótulos estaban cambiados y se les pidió indicar, en una escala de −3 a 3, si cada imagen era una foto o una creación de IA. Ninguna lo era: en los dos estudios, todas eran fotografías.

Lo que encontraron

Considerada en bloque, la etiqueta tuvo un efecto pequeño. En el primer estudio, solo los hombres calificaron como algo más excitantes las imágenes de mujeres rotuladas como fotos, con la diferencia de 0,02 ya mencionada. En el segundo, el efecto volvió a ser de 0,02 y otra vez fue concluyente solo en los hombres; en la valencia, en cambio, los dos géneros puntuaron más alto las imágenes rotuladas como fotos.

Las diferencias crecen cuando se separan los casos en que la persona creyó la etiqueta de aquellos en que no. En el primer estudio, cuando el juicio de realismo coincidía con el rótulo, la ventaja de la foto fue de 0,08 en los hombres y de 0,06 en las mujeres. Cuando no coincidía, la relación se invirtió y las imágenes rotuladas como IA recibieron más puntaje (0,05 más en los hombres y 0,09 más en las mujeres). En el segundo estudio, el patrón se repitió en los hombres (0,06 a favor de la foto y 0,02 en contra), pero no en las mujeres.

Los autores concluyen que el sesgo contra la IA se entiende mejor como un efecto de autenticidad que depende de la creencia que como una reacción uniforme a la etiqueta. Una parte considerable de la muestra dudó: en el primer estudio, el 41,7 % dijo no haber creído los rótulos, y en el segundo, el 32 % creyó que todas las imágenes eran reales.

Las actitudes hacia la IA, el consumo de pornografía y la actividad sexual no explicaron quién era más sensible a la etiqueta. La razón es metodológica: casi no hubo diferencias individuales confiables en esa sensibilidad, así que esas hipótesis no pudieron ponerse a prueba.

Qué tan firme es

Son dos estudios con muestras amplias, de varios países, con estímulos de bases validadas y con materiales, datos y código abiertos en GitHub. El texto no menciona un preregistro. La limitación principal es de dirección, y los autores la señalan. El diseño no permite saber si creer que la imagen es auténtica aumenta la respuesta, o si quien sintió más usa esa sensación para concluir después que la imagen era real. La creencia se midió después de la respuesta; no se manipuló.

Las muestras incluyen solo personas heterosexuales, y la réplica en el segundo estudio fue parcial, porque el patrón de las mujeres no se repitió. Además, los rótulos se aplicaron siempre a fotos reales: lo que se mide es el efecto de una etiqueta, no el de imágenes realmente generadas.

Qué significa para la publicidad

Los autores recuerdan que el artículo 50 de la Ley de IA de la Unión Europea exige revelar el origen artificial de ciertos contenidos. Como hipótesis, plantean que en avisos de perfumes o trajes de baño, los modelos generados con IA y rotulados como tales podrían perder parte de su atractivo frente a modelos humanos. El estudio aporta un matiz a esa discusión: la penalización no depende solo de que la etiqueta esté, sino de que el público la crea, y cuando no la cree puede invertirse.

Para quien mide la respuesta a piezas con imágenes sintéticas, la consecuencia es más concreta. Una prueba que compara versiones con y sin rótulo de IA mide, en parte, la credibilidad del rótulo. Los autores proponen para la investigación con estímulos sintéticos medir, manipular o al menos informar qué cree cada participante sobre el origen de las imágenes, en lugar de suponer que una imagen realista es intercambiable con una fotografía.

Recibe la señal en tu correo

El ranking, las notas clave y un hallazgo de Cortex IA por semana.