Neurociencia

Las imágenes grandes se recuerdan mejor, incluso al mirarlas con atención

Un preprint con 170 adultos encuentra que las fotos vistas en mayor tamaño se reconocen más después, aunque se pida memorizarlas o analizarlas y aunque las pequeñas se perciban igual de bien

Redacción El NeuromarketerEdición: Darío Treco28 de octubre de 2026Lectura de 7 min
Fotos vistas que se reconocieron después, cuando solo se miraba: 41,5 % en el tamaño más pequeño (3°) y 58,3 % en uno de 12°
Fotos vistas que se reconocieron después, cuando solo se miraba: 41,5 % en el tamaño más pequeño (3°) y 58,3 % en uno de 12°

Una foto vista en grande se recuerda mejor que la misma foto vista en pequeño, y la ventaja se mantiene cuando la persona se esfuerza por memorizarla o la analiza con una tarea. Así lo indica un trabajo de la Universidad Bar-Ilan, en Israel: cuando los participantes solo miraban, reconocieron después el 41,5 % de las fotos que habían visto en el tamaño más pequeño y el 58,3 % de las que habían visto en uno cuatro veces mayor. El estudio se publicó el 27 de octubre en PsyArXiv como preprint, es decir, todavía sin revisión por pares.

Lo firman Shaimaa Masarwa, Olga Kreichman y Sharon Gilaie-Dotan. El mismo grupo había publicado en 2022, en PNAS, que las imágenes más grandes se recuerdan mejor cuando se miran sin ninguna consigna. Quedaban dos dudas: si el efecto era realmente de memoria o solo un reflejo de que lo pequeño se ve peor, y si resistía cuando la imagen se procesa con más profundidad.

Cómo se hizo

Participaron 189 adultos de 18 a 35 años, reclutados en la plataforma Prolific, que hicieron la prueba en línea desde una computadora. Una calibración inicial igualó el tamaño físico de las imágenes en todas las pantallas. Los tamaños se expresan en grados de ángulo visual, la porción del campo de visión que ocupa una imagen: a 60 cm, la distancia que suponen los autores, 3° equivalen a unos 3 cm de ancho y 12°, a unos 12,5 cm.

En los tres experimentos, primero venía la exposición: 160 fotografías de la base LaMem, del MIT (rostros, personas, interiores y exteriores), de dos segundos cada una, en cuatro bloques de 40 imágenes de un mismo tamaño: 3°, 6°, 12° y 15,5°. Después llegaba una prueba de reconocimiento con 320 fotos, la mitad ya vistas y la mitad nuevas, todas en un tamaño intermedio de 8,5°. Ante cada una, había que responder si se la había visto antes.

Entre experimentos cambiaba la consigna, que fija lo que en psicología se llama profundidad de procesamiento: cuánto se elabora una imagen al verla. En el primero solo había que mirar, sin saber que vendría una prueba de memoria; son datos de 58 personas que el grupo ya había publicado en 2025 en Visual Cognition y que aquí se volvieron a analizar. En el segundo, 67 personas sabían que se les preguntaría después y debían memorizar las fotos. En el tercero, 45 personas respondían tras cada foto si había una persona y si la escena era de interior o de exterior, otra vez sin saber que habría una prueba.

Esas dos preguntas miden, además, si las fotos pequeñas se percibían peor: si así fuera, la ventaja de las grandes sería un problema de visión y no de memoria. Tras excluir a 19 personas que fallaron controles de atención, el análisis incluyó a 170.

La memoria se midió con el porcentaje de fotos vistas que se reconocieron y con un índice de la teoría de detección de señales llamado d′ (d prima), que descuenta la tendencia de cada persona a responder «sí, la vi» y deja una medida más limpia de la sensibilidad de la memoria, donde 0 equivale al azar.

Lo que encontraron

El tamaño mejoró el recuerdo en las tres condiciones y con una intensidad parecida: mirar, memorizar o analizar el contenido cambió el nivel general de aciertos, pero no la ventaja de las imágenes grandes. Esa ganancia se concentró entre 3° y 12°; de 12° a 15,5°, el recuerdo ya no mejoró.

Entre la foto más pequeña y la de 12°, los aciertos pasaron del 41,5 % al 58,3 % cuando solo se miraba, del 44,9 % al 56,8 % cuando se memorizaba y del 58,9 % al 71,5 % cuando se respondían preguntas sobre el contenido. La sensibilidad de la memoria siguió el mismo patrón: al solo mirar, el d′ pasó de 0,55 a 1,02.

La percepción, en cambio, casi no dependió del tamaño: las respuestas sobre el contenido fueron correctas entre el 95,3 % y el 97,2 % de las veces en los cuatro tamaños. Los participantes entendían igual de bien qué mostraba una foto pequeña, y aun así la recordaban peor. Para los autores, esa disociación indica que el efecto del tamaño sobre la memoria no se explica por una percepción deficiente, al menos en lo que estas preguntas pueden captar.

La tarea más exigente subió los aciertos, pero en buena parte porque los participantes se animaban más a decir «la vi». El d′ promedio creció de 0,85 al mirar a 1,00 al memorizar y 1,18 al analizar, sin que esas diferencias entre tareas fueran estadísticamente significativas.

Los autores proponen una explicación que el estudio no pone a prueba: las primeras áreas visuales dedican más recursos a una imagen que ocupa más campo visual, y esa señal de mejor calidad llegaría mejor a las regiones que guardan el recuerdo.

Qué tan firme es

El resultado coincide con los trabajos anteriores del grupo, aunque todos salen del mismo laboratorio y de la misma base de imágenes. La diferencia, de entre 12 y 17 puntos de aciertos entre 3° y 12° según la tarea, fue estadísticamente muy clara. El texto no menciona un preregistro, y una de sus tablas repite el mismo estadístico para dos medidas distintas, un probable error de copia; las cifras de esta nota salen del texto y de la tabla de resultados por condición.

Qué significa para las marcas

Lo que sigue es una inferencia de El Neuromarketer: el estudio usó fotografías sin marca, no avisos, y los autores solo mencionan de pasada las interfaces digitales entre las aplicaciones posibles. Si el efecto se trasladara a la publicidad, el tamaño en pantalla funcionaría como un factor de memoria en sí mismo, además de atraer la atención: una pieza vista en pequeño podría recordarse menos aunque se la haya visto y entendido bien.

La relación entre tamaño y atención ya estaba estudiada: en 2004, Rik Pieters y Michel Wedel mostraron con seguimiento ocular sobre avisos de revista que la atención al texto crece con su superficie, mientras que la imagen la captura con independencia de su tamaño. Este preprint agrega otra capa: aun mirada y entendida, una imagen parece dejar más huella cuanto más grande se la vio.

Para quien mide, la consecuencia es concreta: una pieza evaluada a pantalla completa puede salir en el medio como un recuadro en el muro de una red social, y el ángulo visual depende del tamaño y de la distancia a la pantalla. El techo observado en 12° sugiere, a la vez, que agrandar no rinde sin límite.

Los límites

Es un preprint. Las imágenes fueron 160 fotos de escenas y personas, no piezas publicitarias, y los participantes, adultos jóvenes que hicieron la prueba en línea. La memoria se midió con reconocimiento, minutos después y en la misma sesión, no con recuerdo espontáneo ni días más tarde. Cada tarea la hizo un grupo distinto, y uno de ellos proviene de datos ya publicados.

Los propios autores advierten que otras tareas, más exigentes, podrían reducir o eliminar el efecto, que aspectos de la percepción que no midieron podrían explicar una parte, y que no saben si el resultado se repite en otras edades ni con otras imágenes.

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